“Han Solo”, un muchacho rebelde/ En la opinión de Luciano Campos

 

Por Luciano Campos/ Apro 

Han Solo: una historia de Star Wars (Han Solo: a Star Wars story, 2017) se incorpora al universo galáctico como spin off de quien es uno de los más atractivos personajes de la saga.

La poco reveladora biografía del pistolero interestelar, interpretado por Alden Ehenreich, presenta los detalles que condujeron al afamado piloto a encontrar a sus camaradas, Chewbacca (Joonas Suotamo) y Lando Calrissian (Danny Glover).

La anticipada aventura, que es como una carta de presentación de una juventud melancólica y azarosa, debió haber revelado más detalles de la personalidad del impulsivo y mitómano joven que lleva la vida sin apegos que define su apellido. Los fans esperan mucho, luego de la decepcionante entrega de Los últimos Jedi, del año pasado.

Ron Howard, que tomó control del proyecto, se concentra en presentarlo como un rebelde sin destino que, por accidente, se involucra en una trama para robar, en este caso, un preciado combustible. Los accidentes son frecuentes en la vida del timador. En el transcurso de los años que abarca la odisea, pasa por una tortuosa historia de amor con una dama fatal (Emilia Clarke) y un saldo romántico que termina como una incógnita.

El joven Solo, en sus inicios, tiene mucho más de Indiana Jones que de Harrison Ford. De ser un testarudo piloto del imperio, se vuelve un bandido que, en medio de una operación de escape pierde a su amada, lo que lo motiva a emprender una búsqueda prolongadísima, al final de la cual se encuentra con variadas sorpresas.

La fanaticada sabe que el experimentado contrabandista se mueve por dinero. No le interesa la espiritualidad, ni siente afinidad por cuestiones relacionadas con La Fuerza. Las espadas láser se quedan guardadas. Afortunadamente, Howard lo lanza a sus territorios, que son los de la acción, en lo que es particularmente bueno. No importa si asesina a sangre fría. Es un sobreviviente intrépido quien, pese a su dureza, es simpático, tiene un gran corazón y un sólido sentido de la lealtad. Claro, como un viejo gatillero que habita un cuerpo joven, trae la pistola láser muy debajo de la cadera.

A diferencia de todo el universo de SW, no hay complicaciones filosóficas aquí. Para complacencia de la feligresía, Lawrence y Jonathan Kasdan colocan al estelar en el control de la nave para que demuestre su instinto como conductor, en las rutas más complicadas. Se crea una excelente química, con el joven Calrisian, que es un dandy con charm, que se sube en el Halcón por motivos estrictamente pecuniarios y se involucra en un problema que no era suyo.

Aunque la historia es sencilla, tiene interesantes giros en los que la amistad se pone a prueba y donde las traiciones surgen en las personas más inesperadas. Se van sembrando antecedentes que luego serán retomados en el futuro fracturado de las ocho entregas previas. Por ahí aparecen algunos personajes que son arrojados a los acólitos como croquetas, para que se den gusto mientras arman los detalles previos de la leyenda que ya conocen.

Con una gran dosis de humor y toneladas de acción, Han Solo es una historia colateral que mueve a preguntar si realmente era necesaria. Puede no resultar de todos los gustos de los seguidores de la franquicia, a quienes, tal vez, les apremie ver la siguiente entrega de la serie, para retomar el rumbo que inició George Lucas y que ahora, décadas después, parece perdido.

 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

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